Una forma de dividir los tipos de personas es según si buscan la manera o buscan la excusa.
Dentro de las mil segmentaciones que podemos hacer de los tipos de personalidad, últimamente no dejo de pensar en esta. Las personas se pueden dividir según si buscan la manera o buscan la excusa. Estoy convencida de que todos tenéis un amigo o amiga, con familia, hijos, perro, un trabajo exigente, pero que se mantiene en una forma física envidiable. En esta costumbre latina de hacer corrillos que nos persigue a veces, seguro que habréis escuchado a algún amigo en común decir: “Bueno, tiene suerte, es que es genético, por poco que haga…”.
Probablemente, si le preguntamos al amigo en cuestión qué rutinas tiene, nos dirá: “Durante todo el año, incluso en invierno con 6 grados, me levanto a las 6 de la mañana para salir a correr”. A lo largo de mi vida, he comprobado que cuando alguien realmente quiere algo, busca la manera de conseguirlo. Muchas veces nos dejamos llevar por los pretextos o la pereza, que solo nos conducen a que, a medio y largo plazo, las cosas no pasen.
Lo que diferencia a los grandes líderes de los demás es que estos tienen la constancia y la determinación para hacer cosas que a los demás no les apetecen.
¿Creéis realmente que el amigo del cuerpo envidiable no se quedaría con gusto en la cama calentito hasta las 7 de la mañana en invierno? Pero antepone su visión. Sabe que hacer eso que tanta pereza le da le proporciona beneficios mayores a largo plazo. Encontrar un objetivo, perseguirlo y conseguirlo es lo que hacen los más grandes entre nosotros, sabiendo que por el camino tendrán que hacer cosas más y menos apetecibles, pero siempre con un elemento en común: hábitos y rutinas construidos para conseguir lo que quieren.
Otra de las razones por las que creo que no hacemos más es que considero que la mayoría de nosotros estamos sometidos a nuestros saboteadores. Y diréis: ¿qué es un saboteador? Pues bien, los saboteadores viven en nosotros mismos. Son esos pequeños duendecillos que se posan en nuestro hombro y nos susurran: “No puedes, eres débil” o “Cuidado, te harán daño”.
Todos nosotros, y digo TODOS, convivimos con nuestros saboteadores. Estamos impactados por sus comentarios, por sus desacreditaciones. Consiguen mermar nuestra confianza hasta hacernos creer que no seríamos capaces de levantarnos a las 6 de la mañana para ir a correr, brillar en el trabajo o encontrar el amor de nuestra vida.
Entonces, si eso es así, si estamos sometidos a tantas limitaciones, ¿por qué hay personas que se han convertido en artistas reconocidos que pintan con los pies tras perder sus brazos en un accidente? ¿Por qué hay familias monoparentales que sustentan a su familia con dos trabajos y, aun así, tienen tiempo para colaborar con una ONG? ¿Por qué hay personas que han vencido sus miedos y son felices haciendo aquello que todo el mundo, incluso su familia, les decía que era una locura y que no iban a conseguir?
Os lo cuento: porque decidieron plantarle cara al saboteador. Hicieron esfumar al duende o simplemente no le escucharon. Se dejaron llevar por lo que su corazón les decía. Y su corazón, cuando el saboteador no está, les dijo que el mundo es un lugar lleno de posibilidades y que, cuando quieres algo con tanta fuerza, es imposible que no lo consigas.
Hay una playa, cerca de donde viven mis padres, donde me encanta ir de vez en cuando a pensar. Sola. A hacer mi reunión de seguimiento interna conmigo misma y comprobar que todo está en orden. Lo hago mirando al mar. ¿Sabéis por qué? Porque cuando lo miro no veo el final. El horizonte no termina. Y eso me recuerda que el mundo es un lugar de posibilidades infinitas y que solo depende de mí abrazarlas.
Así que márcate tus objetivos, identifica a tu saboteador, encuentra tu lugar y siempre, busca la manera.
