En las últimas semanas es muy frecuente encontrarse en grupos de amigos, a través de chats o en conversaciones con familiares, situaciones en las que, de repente, todo el mundo parece haberse vuelto experto en materias que hasta hace pocos meses les eran desconocidas. Hablo de los numerosos “expertos” en economía, sanidad, farmacéutica, geopolítica y otras disciplinas que han emergido a nuestro alrededor y que no dudan en compartir sus opiniones. Pero me surge la pregunta: ¿todas las opiniones son iguales?
Seguramente todos estaremos de acuerdo en que no. Damos por hecho que las opiniones de expertos deben ser más consideradas que las demás. Pero, ¿ocurre esto realmente en nuestro día a día? ¿Nos detenemos a examinar a nuestro interlocutor para conocer su nivel de expertise? Es por esto que resulta tan importante racionalizar los inputs a los que nos exponemos.
Hace poco, una ponencia magistral de una doctora en física en TED Talk —en la que hablaba sobre cómo mantener conversaciones con personas de opiniones diferentes— me hizo recordar la necesidad de rodearse de personas con perspectivas divergentes. Evitar la endogamia es clave, ya que solo conduce al radicalismo. Rodearnos de personas con opiniones distintas a las nuestras solo puede enriquecernos. Eso sí, siempre y cuando sepamos acoger y discernir qué elementos de esas ideas pueden ayudarnos a ampliar nuestra perspectiva.
¿Cuál es el truco?
Supongo que no existe un truco infalible, pero ayuda dejarse guiar por los valores y el sentido común. Eso sí, nunca caigas en la tentación de sumergirte en la vorágine de la crítica fácil. Todo parece sencillo cuando se observa desde la barrera.
Muchas veces, ignoramos información que desconocemos y que condiciona decisiones ajenas que, desde la distancia, pueden parecer erróneas. Pero, ¿nunca has tenido la sensación de que tus managers trivializaban tu trabajo porque desconocían el detalle, la complejidad o las horas de dedicación que había detrás?
Recuerda que el cisne se desplaza con elegancia sobre el agua, majestuoso, pero el mecanismo que le permite moverse —invisible bajo la superficie— es complejo y necesario.
Por eso, te animo a ser diferente. Valora, opina con asertividad y nunca infravalores el mecanismo que trabaja bajo el agua.
